El metro de Moscú: un espectáculo de piedra natural

Cada jornada casi 10 millones de pasajeros transitan por el metro de Moscú, muchos de ellos absortos en sí mismos sin darse cuenta de la auténtica maravilla que tienen ante sí. Y es que las 162 estaciones que integran el sistema de ferrocarril subterráneo ruso están consideradas como un museo de arte pictórico en piedra, una exposición permanente formada por 800.000 metros cuadrados de mármoles decorados. En la entrada de hoy vamos a hablar de este bello monumento y los efectos positivos que la piedra natural tiene en nuestra mente.

El metro más lujoso del mundo

La tradición de usar mármol en las estaciones de metro tiene casi 100 años. Comenzó en 1935 en la Rusia Soviética y fue el propio Stalin el que pidió a los diseñadores que hicieran el metro más impresionante del mundo, que provocara a los transeúntes una sensación de espacio amplio y luminoso, como si estuvieran a plena luz del día. La primera fase contaba con 13 estaciones muy lujosas decoradas con mármoles y granitos procedentes de Ucrania, los Urales y Georgia.

Esto supuso un impulso muy positivo para las industrias de extracción y elaboración de piedra natural, que hasta entonces no gozaban de mucha popularidad. El mármol blanco fue el protagonista indiscutible en esta primera toma de contacto, ya que combinaba la elegancia con una enorme luminosidad, consiguiendo el mencionado efecto de estar en un día soleado en lugar de bajo tierra.

La segunda fase del proyecto duró 3 años, de 1935 a 1938, donde se ampliaron las líneas de metro. Destaca sin duda por la gran gama de colores a disposición de los diseñadores, ya que las canteras estaban en un momento álgido debido a la construcción del Palacio de los Soviets. Aún hoy se considera que esta fase 2 del Metro de Moscú no tiene rival en el mundo en cuanto a riqueza y variedad de piedras, un auténtico espectáculo para la vista. Además de mármoles blancos, se usaron amarillos, pajizos y semitransparentes en elementos como techos y columnas. Para acabar el proyecto también se empleó mármol de Carrara, ya que las canteras rusas no daban abasto.

La tercera fase comenzó un año más tarde y duró hasta 1944. Fue sin duda la más convulsa de todas ya que se llevó a cabo en mitad de la guerra. Las columnas y pasillos de estaciones como las de Novokuznetskaya en Armenia se revistieron con mármoles lilas, mientras que Avtozavodskaya tenía columnas tetraédricas con mármol amarillo. No obstante, la más impactante de todas fue la estación de Baumanskaya, con más de 20 columnas de mármol rosa de Gazgan y cuarcita carmesí de Karelia, la misma que se utilizó en el Mausoleo de Lenin en la Plaza Roja.

Con el fin de la guerra la arquitectura soviética siguió un camino más sosegado, aunque en los años 60 destacan los mosaicos de inspiración florentina de la estación de Chekhovskaya, decorados con jaspe, lazurita, serpentina, rodonita y mármol. Ya en los 90, con la caída del comunismo se terminaron diez estaciones más, sorprendiendo la de Rimskaya, donde encontramos un conjunto escultórico que representa a Rómulo y Remo (los fundadores míticos de Roma). Para muchos, supone la combinación perfecta entre la antigüedad clásica y el arte del metro ruso.